En carne viva


Jean-Serge, Eduardo Puelles, Carlos Sáenz de Tejada, Diego Salvá, Isaías Carrasco, Juan Piñuel, Luis Conde e Ignacio Uría. Estos son los nombres de los ocho últimos asesinados por la banda terrorista ETA. En total 839  victimas en más de medio siglo de una lucha armada sin sentido -que ahora parece condenada a desparecer- y es que desde el día 20 de octubre, a un mes exacto de la próxima contienda electoral, el grupo armado anunció el final permanente de la violencia en Euskadi. Ese era un día histórico para la comunidad, pero a miles de personas el comunicado le supo a poco. Es el caso de gran parte de familiares y amigos que han perdido a un ser querido por estos asesinos y a quienes lo han sufrido en carne propia. Gente como Irene Villa, que quedo mutilada tras la explosión de una bomba, y que siempre defendió el fin del terror desde “una posición fiel al Estado de derecho, con la ley, y no con una rendición a las posiciones de ETA”. El propio lehendakari, Patxi López, se refirió a una hoja de ruta que incluía el acercamiento de presos a las cárceles vascas, incluso antes de conocer el escrito final. Para María José, mujer de un guardia civil asesinado hace nueve años en Leiza, las últimas palabras de ETA han sido insuficientes. Los criminales que acabaron con la vida de Juan Carlos Beiro todavía están en libertad, por lo que su sueño es ver “la cara de los terroristas que mataron al padre de mis hijos entre rejas”, recuerda emocionada rememorando a una de las personas “que más quería”. Pero la sinrazón no se da tan sólo entre los criminales de la organización, en la plaza Mayor de Leiza –donde se congregaron al día siguiente del atentando unos cuantos vecinos de la localidad- este verano acogió una multitudinaria manifestación pidiendo la libertad para los presos. En el mismo lugar donde cada año unas decenas de personas recuerdan a un hombre asesinado por cumplir con su trabajo, este mismo agosto apareció la plaza repleta de personas aclamando un futuro mejor  para éstos criminales. “Cuando me entere de la noticia no podía asimilarlo, solo me venía un recuerdo a la cabeza: Carlos, al que arrebataron lo más valioso que tenemos, la vida… creía que se me rompía el alma”.

Para la Asociación de Víctimas del Terrorismo: “Eta chantajea al estado con este comunicado de la impunidad”. Desde la organización “exigen un arrepentimiento y una entrega de las armas”, además recuerdan que el término “definitorio” ya fue utilizado en otras ocasiones que cayeron en papel mojado. La diferencia estriba está vez en la cuasi unanimidad  de los grupos políticos en entender que ésta sí es la palabra final de los verdugos, en la celebración de una conferencia de paz en San Sebastián y en al agónica situación en la que se encuentra la banda arrinconada por las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Una nueva era se empieza a dibujar en Euskadi para construir un escenario de paz que no defraude a éstos luchadores por la paz.

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