El mejor regalo, un poema


 
POEMA ANÓNIMO
 
Rutilantes estrellas del firmamento,
Rompientes olas del mar fiero y terrible,
Recreables criaturas de tierra y cielo,
Reconoced en este corazón triste,
Roto y mustio, el nombre de quien aprecio.
Reza así: Ramón Carmona Rodríguez.

Amigo inestimable, fiel y sincero.
Admirable varón, atento y sensible.
Acertado y muy juicioso consejero
A quien, alentado, pude dirigirme.
A fin de que diera a mi alma algún sosiego,
Animóme Ramón Carmona Rodríguez.

Mas el mal que me aqueja curar no puedo.
Mal es irresoluble e inextinguible
Mientras crea y sea lo que soy y creo.
Marcado, empero, soy ya, pues conocíle:
Mirar pude en algo su efigie de ensueño,
Majestad de Ramón Carmona Rodríguez.

Oteé su talle elevado y esbelto.
Observé su faz apolínea y sublime,
Orlada por su lígneo y raso cabello.
Obnubilado quedé al dirigirse,
Obyectos, hacia mi alma esos luceros:
Óculos de Ramón Carmona Rodríguez.

Ni su apostura ni virtud ansiar debo
No sea que sucumba en lo reprensible.
Nadie ha, pues, de conocer mis sentimientos.
No obstante, su recuerdo será infinible
Nombre de tan probo varón, mi alma en duelo
Nunca olvide: Ramón Carmona Rodríguez.

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